Si al leer el título del artículo, has pensado algo así como “imposible, cómo no suceda un milagro…”, es que verdaderamente tienes más que asumido que “no hay nada que hacer”, que te han robado tu tiempo, tu bienestar y que estás inmerso en una rutina absorbe-energía, de la cual te sientes incapaz de salir.

De ser así, sabes que en algún momento habrá que plantarle frente a esta situación, y rebelarte contra lo que parece que es tu destino.

Si lo que se te ha pasado por la cabeza es similar a “sí, claro, ¡cómo no me toque la lotería! ¿Y quien va a venir a mi casa a hacerme las cosas y a darme de comer?”, entonces es que eres bastante escéptico con respecto a los cambios, o tal vez inconscientemente has claudicado, y esperas que alguien te saque de esa trinchera en la que te resguardas cuando te caen por todos los lados.

De ser así, acabas de depositar tu bienestar en manos de terceros, lo cual siempre es un peligro y un tanto frustrante si nadie se da por enterado y corre en tu ayuda (sea porque no pueda, o porque no quiera)

En cualquier caso, ¿a quién no le gustaría disponer de más tiempo para uno mismo? Es un deseo casi universal y un bien de lujo que escasea en el sistema de horarios rígidos en el que nos vemos embebidos.

Casi todos sabemos en qué invertimos (algunos preferirían decir “malgastamos”) la mayor parte de nuestro tiempo que se nos va en trabajar, comer, dormir, desplazarnos de un sitio a otro, y a algunos además les toca, para bien o para mal, atender o cuidar a menores y mayores dependientes.

Dicho así, la vida parece más una cadena de producción que un viaje con el que disfrutamos, pero lo cierto es que las cosas no tienen por qué ser blancas o negras.

No es más feliz el que dispone de más tiempo, sino el que siente que tiene un margen respetable de libertad para hacer algo con él.

Tienes derecho a disponer de un tiempo individual y a elegir en qué emplearlo. Si no lo tienes, lúchalo y reivindícalo hasta donde haga falta, porque los derechos son nuestros por definición, así que tenemos que tenerlos muy bien identificados para reclamarlos a quien corresponda, o a nosotros mismos cuando empecemos a alejarnos de ellos

A continuación, unas propuestas prácticas para hacer tuyos esos minutos que necesitas:

1. Cambia tus prioridades.

No tiene por qué ser de forma radical y por completo, basta con que empieces simplemente por un pequeño ajuste.

¿Si mañana operan a tu madre, te pondrías a pasar la aspiradora primero? ¿Qué más necesitas que te ocurra para hacer un cambio?

Algo distinto tienes que hacer, es necesario replantearte la importancia de las cosas. Empieza por estos pasos sencillos:

  • Piensa en algo en tu vida que no sea una absoluta prioridad.
  • Suéltalo. Si no es una absoluta prioridad, puedes prescindir de ello (al menos temporalmente hasta que recargues). Venga, vamos, suéltalo. Estás en el barco, el barco se hunde, tienes que coger solo una cosa y soltar otra. ¡Ya, ahora!
  • Utiliza el tiempo y energía que invertías en lo que acabas de soltar en algo que SI sea una prioridad (mírate, escúchate, ¿qué necesitas?) Y ahora sí, habrás reajustado lo que de verdad importa en este momento de tu vida.

2. Delega tareas.

Esto parece fácil, pero a la hora de la verdad no lo hacemos, ¿por qué no lo llevamos a cabo si suena bastante atrayente?

Pues porque en el fondo para poder delegar tareas en otro, tienes que hacer una primera cesión con respecto a ti mismo, estar dispuesto a no controlar todos y cada uno de los detalles, a dejar que otro se encargue y a tolerar el hecho de que un tercero lo haga de forma distinta a como tú lo harías.

Sí, venga, podrás soportarlo. No puedes tener todos los mandos de todas las áreas, delega, no eres imprescindible, nadie lo somos.

El contexto podrá sobrevivir sin tu continua supervisión, sí, tal vez no salgan las cosas igual, pero te compensa con creces, ganarás en bienestar.

3. Pide ayuda.

Está relacionada con la anterior, pero es distinta.

Expresar a otros que te ayuden a tomarte ese tiempo individual porque lo necesitas, no es ser vulnerable, es ser inteligente y quererte a ti mismo.

Es bueno saber detectar cuándo estás empezando a rendir por debajo de tu potencial, por el simple hecho de que tu orgullo o creencias irracionales acerca de lo que significa pedir ayuda no te lo permiten.

Pide ayuda, obtendrás un beneficio tú, y la persona que te ayuda (la recompensa de saberse útil y colaborar)

4. Instaura oficialmente tu tiempo para “x actividad”.

Que se entere tu pareja, tus hijos, tus amigos, tus familiares y tu jefe. A tal hora, tal día tú tienes x actividad y si la conviertes en un hábito, los demás empezaran a respetarla y a contar con ello de forma natural.

Transforma un deporte o una afición (cocina, clases de inglés, o simplemente leer) en un hábito saludable que puedas llevar a cabo, a ser posible, fuera de casa. Si además pagas por ello, es más probable que respeten ese espacio y momento, y tú te comprometas a reservar ese tiempo para ti.

5. Detecta tus ladrones de tiempo.

Esos distractores, interferencias o interrupciones, personas u objetos que nos roban energía y tiempo.Tatúate esta frase: “Un tiempo para cada cosa. Ahora no, después”.

No dejes que el móvil, el correo electrónico, la televisión y las llamadas se te cuelen de forma automática y tu cerebro salga corriendo tras su aviso. Póntelo fácil, resérvales a cada uno un momento, ejemplos:

Miraré el móvil a las 10H y a las 12H.
Cogeré llamadas a partir de esta hora.
Miraré el correo a las horas en punto, ni antes ni después.
Si queréis decirme algo, a la 13H podéis.
Si mi puerta está cerrada, es que no puedo atenderos.

6. Sé asertivo.

Tienes derecho a decir “no” ante aquellos comportamientos tóxicos que te roban tiempo y energía.

  • Di no a esas personas que sólo hablan de sí mismas y te buscan como mero receptor de sus quejas.
  • Di no a esas personas indecisas con un “piénsalo tranquilamente, cuando lo decidas hablamos”.
  • Di no a esas personas dependientes que te necesitan para todo, cuando en realidad podrían buscar alternativas de forma autónoma. Tu tiempo es tuyo, no de los demás.

7. Redescubre el tiempo individual en los momentos cotidianos y rutinarios.

Sé consciente con todos los sentidos de esos momentos de tranquilidad en soledad. Pueden no ser muchos minutos, pero ser de gran intensidad.

Rescata el momento del baño, del viaje en tren de camino al trabajo, el momento de la comida, el descanso, o los 10 minutos de espera a que salgan los niños de clase, cualquier paréntesis que te permita escuchar saborear, ver, tocar u oler algo agradable.

Tiempo para sentir, nada más.

8. Baja tu nivel de autoexigencia

La última recomendación, pero no por ello menos importante, es disminuir tus niveles de exigencia contigo mismo y el contexto.

Acepta los grises, los niveles intermedios. A veces es bueno marcarse un tiempo máximo, a partir del cual hay que dejar las cosas como estén o ir cerrándolas.

Por ejemplo, si necesitas sacar 50 minutos a la semana, elige 5 tareas a las que puedas restarle 10 minutos, aunque ello suponga disminuir en algún grado su eficacia.

Las cosas no tienen que estar siempre de 10, acepta la imperfección y aprovéchala para cuidarte.

 

 

¿Te reservas tiempo para ti mismo? ¿Cómo lo haces?

¿Eres capaz de sacar tiempo para ti mismo cuando lo necesitas?

 

 

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