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EL RINCÓN DE GUADALUPE

EL RINCÓN DE GUADALUPE

Un encuentro con Dios en las montañas

El origen del Rincón de Guadalupe se remonta a los tiempos del conflicto religioso entre el gobierno de Sonora y las iglesias cristianas, entre ellas la católica (1931-1937). El obispo Juan Navarrete y Guerrero, junto con algunos sacerdotes, decidió permanecer en Sonora de manera clandestina formando a los seminaristas y atendiendo grupos de católicos.

Después de haber estado en la región de Magdalena, a fines de 1934 el obispo decidió ir con los seminaristas teólogos a un rincón de la Sierra Madre Occidental, en el municipio de Nácori Chico, lugar escogido por el padre Luis Barceló, al que “por dos enhiestos pinos lo denominó Los Ciriales”.

Allí el obispo ordenó a los sacerdotes Juan Barceló y Salvador Sandoval en septiembre de 1935 y a finales de octubre el ejército los obliga a huir, incendiando las rústicas construcciones. Navarrete continúa la formación en cuevas, hasta que en diciembre es orillado a salir de la sierra, estableciéndose en Nacozari.

Quizá para alimentar la memoria de la “aventura de la sierra” que vivió, el seminarista Cruz Acuña Gálvez volvió a Los Ciriales y a sus alrededores en junio de 1938, antes de partir a Roma a estudiar teología. Hacia 1940, regresado de Europa, vuelve a ese lugar, “donde hay tantos recuerdos novelescos de la persecución religiosa”, en compañía de otro compañero.

Para paliar el calor de Hermosillo y el paludismo, y quizá para preservar la memoria de los tiempos de conflicto, en los que resistió pacíficamente, el obispo Juan Navarrete decidió construir una casa de vacaciones para los seminaristas en un lugar ubicado a 5 kilómetros de Los Ciriales, descubierto por el padre Jesús Noriega, al que se nombró el Rincón de Guadalupe, “un sitio estupendo, con altos pinares, con bosques de bellotas y de encinos, y con un manantial perenne”.

El 17 de mayo de 1945, el señor Navarrete bendijo la primera piedra en presencia del padre Cruz Acuña y de seminaristas de teología y filosofía, quienes iniciaron la construcción. El padre Cruz relató que “poco a poco fueron apareciendo las primeras casas ante el asombro de las montañas”, en donde “el clima es magnífico”. En el verano de 1946 habían sido construidas la mayor parte de las edificaciones del “lugar en que los seminaristas suelen fortificar su cuerpo y espíritu con el trabajo y la oración, respectivamente, durante el periodo de vacaciones”. Fuera de la capilla quedó labrada en piedra una frase bíblica: “Elegí y santifiqué este lugar”.

Actualmente es visitado por grupos de laicos, familias, vaqueros de ranchos vecinos y algunos sacerdotes. Hace poco tiempo un grupo de biólogos americanos investigó la flora y fauna de su entorno.

A más de setenta años de su fundación, aunque se ha transformado, ese “lugar santo”, como lo calificó un vaquero, nos pone en comunión con la historia, la naturaleza y la fe; tiene potencial para que el cuerpo y el espíritu tomen fortaleza, paz y gozo para los vuelos y las caminadas cotidianas de la vida.


Para llegar al Rincón de Guadalupe se toma la carretera Hermosillo-Ures, y de allí hasta Bacadéhuachi, pasando por Mazocahui, Moctezuma, Huásabas con su “Cruz del Diablo” y Granados, rancho El Coyote y por último Bacadéhuachi. El camino antes era sinuoso, torcido y muy quebrado, angosto y de pura terracería… hoy en día todo es diferente con una flamante carretera pavimentada hasta muy cerca del rancho “La Agua Nueva”.
Fuente: www.enmarcha.mx
Padre Armando Armenta Montaño
Cronista de la Arquidiócesis de Hermosillo
aarmenta@libero.it

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