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UN VIAJE FOTO ANTROPOLÓGICO AL MUNDO MUSULMÁN

UN VIAJE FOTO ANTROPOLÓGICO AL MUNDO MUSULMÁN

Todo viaje siempre lleva consigo una intención que cambia tu forma de ver la vida. Aunque fueron pocos días, mi objetivo era fotografiar la vida cotidiana de las mujeres musulmanas, así como comprender las diferencias y similitudes que hay entre nosotras y ellas.

Estuve diez días en el norte de África, en Alger, la capital de Argelia, una ciudad rica en historia y cultura, con una población mayoritariamente árabe y musulmana, lo cual puedes notar inmediatamente a través de la indumentaria de las personas. Es llamada Alger la blanca, considerada una perla en el mediterráneo africano.

Al llegar a tierras africanas, desde el cielo me recibió el mar mediterráneo con un ligero color azul cercano al turquesa, estaba ansiosa por explorar el mundo musulmán. Era viernes, día de descanso para los musulmanes, la ciudad estaba tranquila y había pocas personas en las calles. Al caminar por la ciudad, lo primero que despertó mi atención fue la vestimenta de las mujeres, los distintos tipos de velo que van desde el hiyab hasta la burqa y los hombres el sombrero fez o la bata llamada thawb. Esto, a los ojos de una occidental puede ser realmente impresionante y los primeros días el principal motor para hacer fotografías.

En Argelia, el velo no es obligatorio, pero es utilizado por la mayoría de las mujeres y principalmente jóvenes. Por esta razón, me interesaba saber los diferentes motivos por los que las mujeres utilizan el velo islámico. Las razones son múltiples y complejas, no existe una explicación única para ello. Preguntando a las personas al respecto, me contestaban que algunas lo utilizaban por motivos de seguridad, para evitar el acoso callejero de los hombres, aunque claro, al igual que en México el velo tampoco te salva de ello. Algunas personas mencionaron que muchas mujeres lo usan porque al ser un símbolo religioso de pureza y respeto, se convierte en una estrategia para acceder al matrimonio. En muchos casos está la presión familiar de utilizarlo, ya que al portarlo desde que son adolescentes se normaliza su uso y se convierte en un símbolo de identidad religiosa y cultural, lo que explica porque muchas mujeres se sienten cómodas con él y lo usan por gusto.

Como viajera feminista, no pude dejar de observar la marcada división de los espacios que existen entre hombres y mujeres. Las niñas y los niños al salir de la escuela caminan separados rumbo a su casa, en raras ocasiones los ves jugar e interactuar juntos. En las bodas las mujeres y los hombres también están separados. Las mujeres no tienen acceso a la mezquita (lugar de oración), solamente los hombres. Los baños turcos llamados Hammam, en la mañana ofrecen servicio para mujeres y en las tardes para hombres. Por las calles, también puedes observar está marcada separación, a menos de que sean pareja o familiares, no los ves conviviendo juntos. Aunque no existe una restricción sobre el uso de espacios públicos por género, al parecer tanto los cafés como los mercados también son cosa de hombres.

La oportunidad de asistir una boda tradicional en Alger fue en verdad un evento muy significativo. Como mencioné arriba, a las bodas musulmanas sólo asisten mujeres, los hombres esperan afuera conversando y tomando té, mientras las mujeres se divierten adentro como nunca, alejadas de la mirada masculina y sin una gota de alcohol.  Ellas llegan con sus velos a la boda, pero ya que están adentro se desvelan y rebelan, moviendo sus caderas a un ritmo envidiable y contagiante. La parte más divertida de la fiesta fue cuando después de horas de bailar música árabe, migraron hacia ritmos latinos como “Despacito”, donde realmente enloquecieron. Aunque la novia es la protagonista del evento, su convivencia con las invitadas es muy limitada. Por tradición, en las bodas argelinas las mujeres visten siete vestidos de diferentes formas y colores, el último, casi al terminar la boda es el vestido blanco de novia. Por ese motivo, la mayor parte del tiempo se está cambiando para salir a debutar el nuevo vestido y de nuevo ingresar al camerino. Al finalizar la fiesta, entran los hombres junto con el novio para tomarse las fotos con toda la familia, y el velo vuelve a aparecer en la escena.

En la arquitectura islámica también puedes observar elementos que representan esta división de los espacios femenino y masculino. Por ejemplo, las ventanas hace algunos siglos estaban cubiertas con intrincados listones de diversos materiales con la finalidad de ocultar el espacio interior. Así, ellas sí podían ver y saber qué ocurría desde dentro sin ser vistas desde afuera. Tuve la oportunidad de ingresar al Palacio del rey turco, una construcción de más de ocho siglos que está en proceso de restauración, sin acceso al público hasta dentro de diez años, ubicado dentro del barrio islámico de la Casbah. Fue muy interesante poder conocer y estar dentro del harem del rey, así como de su recamara y el acceso directo de esta a la de su esposa favorita.  

El Hammam fue la mejor experiencia de este viaje. Argelia no se caracteriza por ser un país turístico, así que puedo presumir de haber acudido a un auténtico Hammam. Los baños turcos son muy populares en los países musulmanes, debido a que están destinados a la práctica de la ablución, que consiste en purificar y limpiar el cuerpo antes de ingresar a la mezquita para hacer la oración. Aunque a las mujeres no se les permite el ingreso a la mezquita, también es una práctica muy popular entre ellas, asistiendo a estos baños dos veces por semana.

Antes de entrar al Hammam, hay una sala de espera donde dejas tus pertenencias en casilleros, después hay otra sala donde dejas tu ropa, para posteriormente ingresar al Hammam completamente desnuda. Este es un cuarto grande, con una cúpula que deja entrar la luz, las paredes están rodeadas por muchos grifos de agua fría y caliente en la parte inferior y un pequeño banco para que te sientes mientras te echas agua antes de iniciar el proceso de exfoliación. Mientras estás sentada, llega una mujer para aplicarte una pasta negra de jabón llamada beldi, elaborada con aceite de oliva. En esta sala no existía el pudor corporal, había otras cinco mujeres completamente desnudas que se exfoliaban y se aplicaban jabón unas a otras, sin tener ningún problema con su cuerpo. Esto fue uno de los aspectos que más llamó mi atención, la relación que tienen las mujeres con sus cuerpos es completamente diferente a como la vivimos en occidente, a pesar de que en espacios públicos pueden estar completamente cubiertas.

Después de pasar un rato frente a los grifos alternando entre agua fría y caliente, llega el momento de la exfoliación. Te debes de tirar desnuda en el suelo húmedo, donde siempre está corriendo agua, para que te hagan una exfoliación intensa en todo tu cuerpo, con un guante especial llamado kassa. Al principio podría ser un poco incómodo pero después te olvidas y es muy relajante. Te saca cantidades inimaginables de piel muerta que mientras estás acostada en el piso ves como se desplaza por el agua que corre. Para finalizar, en el centro de la sala de vapor hay un cuadro grande de mármol caliente donde te puedes tirar y descansar. Y así, puedo decir que el Hammam ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Aunque estuve en Alger poco menos de dos semanas, la experiencia fue muy enriquecedora y ha cambiado en algunos aspectos la forma de percibir las situaciones, como: eliminar prejuicios y poder ver similitudes en las diferencias. Viajar siempre nos permite abrir la mente y el corazón, claro, si estamos preparadas para ello.

 

Por: Yanelli Barojas Armenta
Maestra en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Socioculturales de Salud
 por el Colegio de Sonora
yanelli_barojas@hotmail.com

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