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NO HAY VACACIONES PARA EL MEDIO AMBIENTE

NO HAY VACACIONES PARA EL MEDIO AMBIENTE

Dejar atrás lo que es cansado, cotidiano e incluso aburrido, es por lo general, la norma de las mejores vacaciones. Es entonces una gran desilusión ver que muchas personas dejan de lado el cuidado de la naturaleza durante sus vacaciones, como si fueran esfuerzos innecesarios o que pueden retomarse “para después”.

¿Cuándo? y ¿dónde? ser positivo con el medio ambiente no deberían ser cuestionamientos válidos, ni sistemas de pausa opcionales o conveniencia personal, no son solo los espacios donde pasamos la mayor parte del tiempo (hogar, oficina o escuela) son los que vale la pena cuidar o rescatar. Todo el tiempo y en cualquier lugar nuestro medio ambiente debe ser respetado y protegido en razón de nuestra propia sobrevivencia.

Debe comprenderse que cada acción que se detiene o elimina es la resta de una mejora para el planeta. Si son prácticas satisfactorias para quienes ya las realizan y un reto para quienes todavía no lo hacen, por qué no debería procurarse la extensión de ellas incluso durante los recesos de labores.

Frecuentemente durante las visitas a los centros turísticos o establecimientos de entretenimiento se suele dejar en la entrada la conciencia ambiental, como si fuera una pesada carga de la cual también se debe descansar. ¿Es acaso que la costumbre contra la lógica nos dicta que nuestra responsabilidad ambiental depende del sitio en que nos encontremos?

Si es así como funciona este distorsionado razonamiento, tendremos que entender entonces que las malas prácticas turísticas podrían ganarnos y los sitios turísticos simplemente se convertirán en sitios donde “lo que sucede en la playa, se queda en la playa” y no tendremos memoria sobre el mal que se hizo en el entorno.

Falso imaginario formado y fomentado de que no existen repercusiones directas e indirectas. El medio ambiente es una cadena de vida, donde un cambio, una pequeña alteración, desencadena toda una serie de modificaciones que entonces sí repercutirán en cada uno de nosotros, que vivimos en un mismo lugar llamado planeta Tierra.

No es necesario un desgaste físico o intelectual durante las vacaciones para cuidar al medio ambiente. Una elección es todo lo que se necesita para practicar el turismo eco-responsable. La diferencia se encuentra en el poder que cada una de las personas ejerza para decir sí o no. Es replicar esa voluntad cotidiana trasladada a nuevas ofertas y contextos.

Visitar los sitios de más renombre y hospedarse en los establecimientos más lujosos no tiene tampoco por qué diferir de un contacto saludable en un campamento al aire libre. La cercanía con el entorno natural y la responsabilidad de conservarlo no debe demeritarse en ningún caso. En un paisaje natural cercano o en un museo en el centro de la ciudad, por ejemplo, resulta igualmente importante optar por resguardarlos.

La responsabilidad individual con el medio ambiente no se perdona con una cuota de hospedaje o el pago de un boleto de acceso a una Área Natural Protegida. Esa retribución de ninguna manera se convierte en una compensación que nos autorice a mal utilizar los recursos y obliga a otros a reparar el daño ocasionado.

El turista ambientalmente responsable no es aquel que se interna en el bosque con lo necesario para sobrevivir en su estadía, sino que es quien decide y ejerce su decisión de reducir su impacto ambiental sin importar el sitio o momento en el que se encuentre.

Hacer un turismo ambientalmente responsable no significa un esfuerzo desgastante, sino una sana diversión cuidando la naturaleza.

 

Por: Lic. Paloma Peñuelas Félix
Coordinación Programa de Educación Ambiental “Hermosillo Limpio”
 palomiux81@hotmail.com
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