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Abre tu corazón

Abre tu corazón

 

En una templada mañana me disponía a pagar un litro de agua en una tienda, detrás de mí se encontraba un señor que vestía una chaqueta café con un matiz opaco que dejaba asomar una camiseta amarillo pálido que alguna vez fue canario, un pantalón de mezclilla incoloro y deshilado por los bordes de las perneras, unos zapatos con  huecos en las puntas de donde surgían sus dedos pulgares, su semblante deshidratado enmarcaba los ojos con profundos ríos alrededor, pero brillantes.

Pagué con un billete y me dijeron que no tenían cambio que era muy temprano, por lo cual la coloqué en el mostrador, agradecí y salí del lugar. Al subirme al carro, escuché una voz que gritaba: “¡Espere!”, al asomarme por el retrovisor vi al hombre de la fila correr hacia el carro con la mano en alto enseñando la botella, se detuvo en la ventana y con una sonrisa serena me dijo: “Aquí está su agua, yo se la compré”, inerte, entre balbuceos, le daba las gracias y a la vez le sugería que la llevara consigo, sin terminar de agradecerle con una mirada de niño respondió: “Dios la bendiga” y se fue de prisa con el gorro de su chamarra puesto como un halo protector.

Resultado de imagen para abre tu corazonExperimenté una gran alegría, camino a casa recordaba su expresión donde pude contemplar el rostro de Dios. Al llegar tomé mi libreta y lápiz, con una sensación de paz escribí las primeras líneas de un poema: “Amar es recibir agua de manos austeras y bañarse en abundancia como un manantial sagrado.”

Algunas veces la vida te sorprende al recibir de las personas menos esperadas una muestra de afecto con el verdadero deseo de ayudar, de confortar o de crear un ambiente de armonía para una mejor convivencia y hacer feliz al prójimo.

Quizás, en el diario vivir esperas un gesto de amabilidad de alguien que tratas con frecuencia o que por algún motivo consideras tener una atención de su parte y obtienes resultados poco favorables; tal vez porque careces de sus expectativas, ya sea económicas, sociales, intelectuales… o por prejuicios establecidos de diferente índole o sólo por miedo a descubrir su interior. También puede ser que dicho comportamiento exista en la forma de relacionarte.

En estos tiempos de estrés, de mundos virtuales, de competencia, de materialismo, donde se le da más importancia al tener que al ser es necesario encontrar tu identidad, la autenticidad que mora en ti y te permite manifestar al gran ser humano que eres para compartirlo con los demás. Abandona los apegos que te limitan a evolucionar en todos los aspectos y sin temor camina por la vida con compasión, con el sincero anhelo de reconocer al otro en  sus características.

Sonríele a esa persona que ves cotidianamente, aunque la indiferencia haya sido su único lenguaje, verás en su mirada un brillo alegre y en reciprocidad te obsequiará una sonrisa. Conéctate con tus semejantes sin importar las diferencias, encontrarás en cada alma una riqueza que los hace únicos. Ayuda al más necesitado sin escuchar argumentos, es muy cómodo emitir juicios cuando tus necesidades están satisfechas.

Abre tu corazón, desplázate con valentía por la existencia, con el valor de ser tú misma y alternar  con el universo sin ninguna limitante. Disfruta a cada humano a tu paso, celebra la variedad  que es lo que enriquece las relaciones interpersonales. Escapa del bullicio de la multitud y  guíate por la melodía de tu espíritu, nunca te arrepentirás de haber amado.

Bendiciones. ¡Sat Nam!

POR: Zulema Bustamante C.
maestra de kundalini Yoga
zulebu@hotmail.com

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